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LA EMERGENCIA CONTINUARÁ LUEGO DE LA CRISIS SANITARIA

  • Foto del escritor: Carlos Ben
    Carlos Ben
  • 2 abr 2020
  • 4 Min. de lectura

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En memoria de un dirigente, trabajador ejemplar y sanitarista Héctor Rúben Pereyra


COVID-19 está dejando sus estelas de enfermedad, temor, muerte, incertidumbre y desafíos al posicionamiento político de los diferentes estados y sus gobiernos, así como su actual organización. Resulta claro destacar que la estructura sanitaria y de salud se encuentra sometida a todas las tensiones.


Debe agregarse, la cuestión de la economía que se agrega a los debates en relación a los costos del aislamiento y contención social, dispuesto por el Gobierno Nacional.


Los acontecimientos actuales, reconocen los esfuerzos y presencias de destacados dirigentes, se vinculan directamente con COVI-19 y sus consecuencias sanitarias y económicas. En especial, porque han suscitado la concentración de decisiones, obviando transitoriamente los resquicios o normativas, que asignan las competencias en un entramado organizacional que es de mayor amplitud.


Es esperable que la pandemia, aún vigente exhiba un marco decisorio que se ve forzado por el contexto y las bases mismas de la comunidad organizada, a un formato que permita dar prioridad a la VIDA y salud de millones de personas en el planeta.


Carecerían de toda ética y moral privilegiar otras magnitudes, que se concentran en - quizás importantes - interéses de carácter individual, que no reportan al interés colectivo. Va de suyo que la confrontación no debería suscitar dudas, sin afectar las bases mismas del "ser en sí" de la humanidad y su esencia ontológica.

La sociedad en toda su dimensión y extensión mundial deberá plantearse las bondades y desventajas de su actual diseño, para el futuro.

Lo cierto es que la pandemia deja al desnudo la fragilidad y falta de reacción del actual sistema social y económico, así como el funcionamiento del Estado, sus limitaciones, por un lado ante la circunstancia de su capacidad articulada, por el otro lado.


Así COVID-19 mostró la incapacidad y falta de convicción y falta de convicción de las corporaciones y asociaciones empresarias para resolver las necesidades y demandas de la comunidad y de sus integrantes, en especial ante la crisis.


No solos porque no constituyen un mecanismo para prevenirlos anticipadamente, sino que no reportan la vocación de solidarizarse con las urgencias y prioridades sociales. Mientras un ejército d personas, tanto por su actividad esencial como por su voluntad que exponen, enfrenta la pandemia de manera directa y otros colaboran con su aislamiento social, otra parte debe planificar el futuro post-pandemia.


Como en toda planificación deben identificarse las prioridades. Como en toda priorización política, no pueden eludirse el Plan Federal de Agua Potable y Saneamiento de la República Argentina.


Además, debe contemplarse desde los capítulos sustantivos del saneamiento, por caso:

ACCIONES según tipo de servicio:

  1. Expansión de Plantas y Obras Básicas:

a) Agua Potable: Plantas Potabilizadoras, Ríos Subterráneos, Impulsiones, Pozos, etc.

b) Desagües Cloacales: Plantas Depuradoras, Estaciones de bombeo, Cloacas máximas.

2. Expansión de redes y conexiones:

a) Agua Potable: Redes domiciliarias, conexiones.

b) Desagües Cloacales: colectoras, colectores domiciliarios, conexiones.

3. Mejora y Mantenimiento de Plantas y Obras Básicas:

a) Agua Potable: Plantas Potabilizadoras, Ríos Subterráneos, Impulsiones, Pozos, etc.

b) Desagües Cloacales: Plantas Depuradoras, Estaciones de bombeo, Cloacas máximas.

4. Mejora y Mantenimiento de Redes y Conexiones:

a) Agua Potable: Redes domiciliarias, conexiones.

b) Desagües Cloacales: colectoras, colectores domiciliarios, conexiones.


Los sistemas de agua potable requieren de fuente segura y sustentable. Los sistemas de desagües cloacales, por su parte, requieren de un cuerpo receptor para su disposición.

Estas situaciones, resumidas en extremo, resultan fundamentales para elaborar un plan y claramente, requieren estudios y proyectos originados en la situación real de cada ciudad, área o región del país.

La acción de expansión obviamente está dirigida a satisfacer la univerzalización de los servicios. Todavía hay 7.000.000 de personas sin agua potable y más de 20 millones de personas sin desagües cloacales en Argentina.

Además aquellos que no cuentan con tratamiento cloacal rondan los 30 millones de habitantes.

Si bien los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a los que el país adhirió contemplan en el objetivo 6 el 100% de los habitantes servidos (a los que se debe sumar el crecimiento vegetativo hasta el año 2030), prevé también el 50% de la población con tratamiento cloacal.

Resulta evidente que la planificación debe ser FEDERAL y debe tener en cuenta los recursos hídricos que se utilizarán además de los recursos financieros involucrados.

A ellos, deben sumarse las empresas constructoras, cooperativas, elementos materiales, tecnología, coordinación federal y todos los servicios de control para alcanzar las prioridades que se establezcan. Esta planificación es una tarea ardua y no debe minimizarse, pues su objetivo es un servicio que debe prestarse 24 horas al día, 365 días al año, siempre.

Su desarrollo además de sus exigencias, debe coordinarse con otras actividades, por caso la necesaria disponibilidad de energía eléctrica y capacidad hídrica. Una cuestión técnica, con incidencia económica, es la vida útil con que se proyectarán las futuras instalaciones.

El Plan alimentario Nacional, la pandemia del civid-19, han resaltado la importancia de estos servicios, lo que se suma a las cualidades intrínsecas que los justifican de manera contundente.

Ahora bien, la otra etapa de un Plan Sanitario está vinculada a la mejora y mantenimiento de las instalaciones que existen, que necesariamente debe realizarse para garantizar la calidad y continuidad de los servicios, para millones de argentinos que deben continuar recibiéndolos.

La prioridad de estos servicios que, además, constituyen derechos humanos está altamente reconocida. La concresión requiere una intensa labor, un alto grado de coordinación y una vocación de acuerdo absoluta para ir alcanzado las metas, incluso antes del año 2030. Solo para dimensionar los próximos 10 años la República Argentina debería incorporar al servicio de agua potable 700.000 personas por año y 2.000.000 de personas al de saneamiento anualmente.

Mientras esta tarea se realiza, gran parte de la cual no requiere violentar el aislamientos de quienes deban realizarlo, debería implementarse un programa en la emergencia que, en función de instalaciones ya existentes, abarque villas y barrios especialmente en el AMBA.

Por separado se debería analizar la situación en el ámbito de la operación y las relaciones con la comunidad de parte de los prestadores.


50 años de experiencia sanitaria

 
 
 

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